Año viejo y vida nueva

Se acerca el comienzo de un año nuevo y me encuentro reflexionando estos días sobre el lugar que ocupo en el mundo, cuestionando mi situación en la vida, en la familia, en la pareja, en mi círculo social, de amigos y conocidos; en mi trabajo, sobre mi imagen, mis anhelos y mis preocupaciones. Presiento que mi estado actual no es sino el enfoque y calidad de mis deseos pasados, de mis sueños de niña, que lancé hace muchos años al Universo. Vivo una realidad, consecuencia de las decisiones tomadas en base a unos valores y creencias inculcados sobre lo que podría llegar a ser y conseguir en la vida.

Desde un corazón removido por tantas emociones vividas últimamente, quiero dar gracias a la vida por todo lo que me dio, las oportunidades que me regaló, las enfermedades que tuve que sortear, los encuentros y los abandonos, las personas fantásticas que puso en mi camino y, aquellas otras que no lo fueron tanto. Todos y cada uno de ellos han sido unos maestros de vida fantásticos y han contribuido al Ser que soy.

Y ahora que se acaba el año solemos hacer un balance de lo vivido en estos últimos 365 días. Pasamos las experiencias vividas por el filtro de la mente que juzga y cataloga todo en maravillo, genial, horripilante o desastroso, poner algunos ejemplos. Y acto seguido sentimos la satisfacción o felicidad, el enfado o decepción por lo sucedido. Todo normal pero, y si te dijera que todo lo que sucedido ha sido lo perfecto para tu crecimiento, todo era necesario y justo en tu vida y, por tanto, una bendición; sin pasar por ningún filtro de bueno versus malo. Te invito al ejercicio de repasar este año desde esta nueva mirada, a no juzgar lo acontecido y preguntarte ¿para qué ha sucedido tal y tal cosa?

Y ya casi estamos en 2017 y como diría mi querido Buzz Lightyear en Toy Story: «Hasta el infinito… ¡y más allá!» estoy dispuesta a vivirlo. Pero no de cualquier manera, no en piloto automático sino de una forma consciente y como protagonista (co-creadora) de este año de mi vida. Este es mi propósito.

Decía Julio Verne “No hay nada como imaginar para crear el futuro, ya que lo que hoy es utopía será carne y sangre mañana”. Y me pregunto  “¿y si desde ahora mismo actúo como la niña que soy?”. Me explico, se trata de vivir en un estado que tenga que ver con el sentir de los niños; seres realmente abiertos a creer que poniendo un enfoque de consciencia, todo será posible. Se trata de manifestar una inocencia infantil que se transforme en una mirada hacia delante desde el presente, sin el peso de las memorias y creencias limitantes de experiencias pasadas. Sería algo así como CREER PARA VER, dejando salir al niño que todos llevamos dentro. Parece al revés de lo que acostumbramos los adultos ¿verdad?

La vida es como hierro fundido listo para ser colado. Elige valientemente el molde y la vida lo conformará” El Mahabharata

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¿Y si tomas consciencia de lo apasionante que puede ser el hecho de visualizar un día perfecto de tu vida dentro de doce meses? ¿Qué pasa ese día? Imagina la sensación al sentirte protagonista de tu vida. Siente ese día, respira cada hora, cada minuto y hasta cada segundo. Vívelo como si ya fuera. Ese día que hoy construyes como el molde tu vida y que es un instante de la vida que sueñas. Tal vez cuando ya entrado el año próximo y te suceda algunas “casualidades” que poco a poco te llevan a tu destino hacia ese día que ahora te propongo crear, sonrías y digas a la vida:” YO SIEMBRO EL FUTURO EN EL PRESENTE

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