Descubriendo la esencia de la vida

Ella seguía empeñándose en sufrir tanto por las pequeñas sacudidas del día a día como por las tempestades horribles que se encontraba en su camino. Cuando un día cerró los ojos a la realidad y siguió  sin discriminar mal grande de mal pequeño fue cuando perdió el verdadero sentido de las cosas; su vida se quedó sin propósito y se convirtió en un continuo capear de olas que a su mente cada vez le parecían más y más grandes. Por más que los otros le decían que no te hace sufrir lo que te ocurre, sino como lo vives y siempre tienes el poder de decidir tu emoción, ella solo encontraba sentido en el sufrimiento y en eso se convirtió su vida: en un ir y venir por ansiedades y miedos que la llevaron al aislamiento como medida preventiva para ahorrar el sufrimiento que, sin duda, le provocaba el contacto con los otros.

Y llegado a este punto, en la más profunda de las oscuridades y en la soledad de su corazón, una llama sabia debió encenderse dentro de ella en forma de certeza que le recorrió su cuerpo por entero provocándole un escalofrío. No estoy sufriendo, no padezco sufrimiento; es que soy sufrimiento. Y justo al darse cuenta de este hecho, ese ser sufrido que era, le enseñó su cara amable, que no era otra sino la de protección ante una vida que nunca había llegado a comprender del todo. Reconoció y aceptó con convicción esta misión protectora de su sufrimiento personal; y, en ese instante infinito de paz,  decidió que ella y su sufrimiento tendrían que separarse para siempre. No quería nada malo para su compañero de tantos años, no quería matarlo, tampoco esconderlo en el sótano y tirar la llave; al fin y al cabo, había sido su compañía desde que recordaba su vida, simplemente quería que se fuera para siempre. Y decidió dar voz y espacio a su amigo de vida y agradecer el gran trabajo realizado hasta que fue útil y le dijo que ya no le necesitaría más; no quiso decirle que, en realidad dejó de necesitarle cuando se hizo mayor hace ya años y que justo acababa de darse cuanta de que disponía de otros muchos recursos para enfrentarse a las cosas que no le gustaban. Pero ahora eso le daba igual, había llegado el momento del adiós y justo se dio cuenta como una alegría que percibió como mágica emanaba directamente de su corazón. Sonrío al notar que esta dicha siempre había estado allí; se imagino a su alegría como una bella durmiente esperando su beso del príncipe azul para despertar a la vida y la visualizó de color dorado y que iba tiñendo todo su cuerpo y hasta su espíritu. Fue el momento en que sintió una renovada energía por vivir y disfrutar de los avatares de la vida, dando a cada cosa su importancia y eligió vivir conscientemente tanto los sucesos cómo los éxitos. Toda experiencia merece ser vivida con conciencia para crecer en espíritu, se dijo con convencimiento. Se miró en el espejo y pudo notar su brillo de luz dorada, se sentía como un caballero andante con la armadura muy brillante.

Ahora cada vez que una ola sacudía las arenas de su playa, cada vez que un nubarrón acechaba su horizonte, su alegría recién integrada irradiaba luz a cada una de las gotas que brillaban tan azul que era difícil no ver que se trataba de los retos que la vida lanzaba para aprender y crecer. Se subió a las nubes blancas y también a las grises y cabalgó más allá con el convencimiento que detrás de una tormenta siempre aparece un gran cielo azul.

Date cuenta que así de simples son las cosas en la vida; pero piensa que como muchas otras cosas también hay dificultad. Todos tenemos nuestros tesoros mágicos en el interior y sólo tenemos que abrir una puerta para que asome todo nuestro esplendor. La dificultad es saber qué puerta al interior hay que abrir.

Yo decido mi futuro profesional

Destacado

El otro día leí un post sobre los (largos) años que invertimos en formarnos, primero en la escuela, luego instituto y la universidad… toda una vida, sin duda. Unos pocos “privilegiados” tienen su futuro tanto estudiantil como profesional muy claro, ya sea por vocación, tradición familiar o simplemente por claridad mental; pero, ¿y los otros? Los miles de jóvenes que justo acaban su carrera y les embarga un sentimiento de incertidumbre; de no saber para dónde tirar profesionalmente. He tenido la suerte de trabajar con algunos clientes en su último año de carrera que me han manifestado sus dudas sobre su futuro profesional, acerca de si les satisface dedicarse a aquellos estudios que han dedicado los últimos años y, en algún caso el vacío y la profunda insatisfacción de tener que hacerlo.

Sea como sea, al finalizar la carrera se abre un periodo al que deberíamos dar su espacio, su importancia. Lo ideal es vivir este periodo con presencia, con protagonismo  y siendo muy conscientes a la hora de tomar las decisiones que seguro habremos de tomar. Reflexionar sobre cómo queremos ganarnos la vida no es una cuestión baladí y son muchos los beneficios de acertar con la profesión y también los peligros de no acertar.

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Si te encuentras en este periodo de tu vida, el dibujo anterior puede serte de gran ayuda y si me permites, tres consejos para que seas tú mismo quien decida tu futuro profesional. Allí van:

1.- Tómate tu tiempo y reflexiona sobre tu pasión, tu vocación, tu misión y tu profesión. Quizás necesites un día, una semana, un mes o un año.  Abre espacios de conexión contig@ mism@… ¿Qué deseo?  ¿Cuáles son mis valores? ¿Qué me gustaría estar haciendo dentro de dos años? ¿Qué me encanta hacer? En definitiva, se trata de encontrar el PROPÓSITO que no es otra cosa que la alineación de pasión, vocación, misión y profesión.

2.- Traza un plan de acción si ya tienes claro a qué quieres dedicarte, toma papel y lápiz y ponlo por escrito.  ¿Qué opciones tengo? ¿Qué acciones voy a poner en marcha? ¿Cuándo? ¿Qué recursos necesito? ¿Quién puede ayudarme?  En esta fase puede ser muy útil utilizar la técnica de los MAPAS MENTALES.

3.- Infórmate, investiga, pregunta y/o déjate acompañar. Internet  y las redes sociales son grandes herramientas para documentarse;  investiga todo lo que puedas y recurre a profesionales que ya ejerzan en aquello que pretendes sea tu profesión. Si aún así, sigues un poco perdido, mi consejo es que acudas  a un coach, que te acompañará y hará más fácil este camino hacia la vida profesional.

 Y, recuerda que “la energía y la persistencia conquistan todas las cosas“. Benjamin Franklin.