Yo decido mi futuro profesional

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El otro día leí un post sobre los (largos) años que invertimos en formarnos, primero en la escuela, luego instituto y la universidad… toda una vida, sin duda. Unos pocos “privilegiados” tienen su futuro tanto estudiantil como profesional muy claro, ya sea por vocación, tradición familiar o simplemente por claridad mental; pero, ¿y los otros? Los miles de jóvenes que justo acaban su carrera y les embarga un sentimiento de incertidumbre; de no saber para dónde tirar profesionalmente. He tenido la suerte de trabajar con algunos clientes en su último año de carrera que me han manifestado sus dudas sobre su futuro profesional, acerca de si les satisface dedicarse a aquellos estudios que han dedicado los últimos años y, en algún caso el vacío y la profunda insatisfacción de tener que hacerlo.

Sea como sea, al finalizar la carrera se abre un periodo al que deberíamos dar su espacio, su importancia. Lo ideal es vivir este periodo con presencia, con protagonismo  y siendo muy conscientes a la hora de tomar las decisiones que seguro habremos de tomar. Reflexionar sobre cómo queremos ganarnos la vida no es una cuestión baladí y son muchos los beneficios de acertar con la profesión y también los peligros de no acertar.

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Si te encuentras en este periodo de tu vida, el dibujo anterior puede serte de gran ayuda y si me permites, tres consejos para que seas tú mismo quien decida tu futuro profesional. Allí van:

1.- Tómate tu tiempo y reflexiona sobre tu pasión, tu vocación, tu misión y tu profesión. Quizás necesites un día, una semana, un mes o un año.  Abre espacios de conexión contig@ mism@… ¿Qué deseo?  ¿Cuáles son mis valores? ¿Qué me gustaría estar haciendo dentro de dos años? ¿Qué me encanta hacer? En definitiva, se trata de encontrar el PROPÓSITO que no es otra cosa que la alineación de pasión, vocación, misión y profesión.

2.- Traza un plan de acción si ya tienes claro a qué quieres dedicarte, toma papel y lápiz y ponlo por escrito.  ¿Qué opciones tengo? ¿Qué acciones voy a poner en marcha? ¿Cuándo? ¿Qué recursos necesito? ¿Quién puede ayudarme?  En esta fase puede ser muy útil utilizar la técnica de los MAPAS MENTALES.

3.- Infórmate, investiga, pregunta y/o déjate acompañar. Internet  y las redes sociales son grandes herramientas para documentarse;  investiga todo lo que puedas y recurre a profesionales que ya ejerzan en aquello que pretendes sea tu profesión. Si aún así, sigues un poco perdido, mi consejo es que acudas  a un coach, que te acompañará y hará más fácil este camino hacia la vida profesional.

 Y, recuerda que “la energía y la persistencia conquistan todas las cosas“. Benjamin Franklin.

 

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La mente del principiante en las empresas

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En Japonés Shoshim (初 心)  significa “la mente del principiante”.

Durante mi dilatada carrera profesional en el mundo de los recursos humanos he vivido diferentes ambientes laborales, diferentes culturas organizativas y formas de hacer. He conocido años de bonanza financiera y años de crisis pero en casi todos los casos he notado como hay ciertos patrones de conducta laboral que se repiten.

Recordemos cuando en nuestras empresas empieza  un nuevo colaborador o un compañero y desde Recursos Humanos gestionamos los procesos de acogida y entrenamiento de los nuevos. Todos conocemos y alabamos las ventajas de un buen proceso de inducción; tales como acortar la curva de aprendizaje y  asegurarnos que el empleado sea totalmente productivo lo antes posible. Por todo ello, le mostramos “como se hacen las cosas  aquí” y como esperamos que sea su comportamiento. No pongo en duda la importancia que tiene este proceso en la vida profesional de este empleado y sus repercusiones positivas para la organización. Pero, también quiero remarcar que este proceso no está exento de ciertos riesgos.

Normalmente es una persona o grupo que se encarga del entrenamiento en las funciones y en las normas de conducta de la empresa. Todos confiamos que esa persona le transmita todo lo que su trabajo conlleva pero realmente no le está enseñando su trabajo, sus tareas, sino la visión que este empleado encargado del entrenamiento tiene sobre cuáles son y cómo se tienen que hacer las cosas. En estos casos se suele adoptar un enfoque imitativo (“hazlo como yo lo hago”).

En muchos casos esta forma de proceder nos reportará la eficiencia y productividad que esperamos en el nuevo empleado pero también es cierto que junto con la incorporación de una personas se está dando todas las condiciones para poder hacer las cosas de forma diferente, una nueva mirada  a como  venimos trabajando.

El nuevo empleado aporta a la empresa algo que considero valioso que es la mente del principiante y suelen venir con una actitud de apertura, entusiasmo y ausencia de ideas preconcebidas al abordar el trabajo. Todo ello puede significar una gran ventaja para la empresa en la que se incorpora porque los que ya llevamos tiempo en nuestros puesto y empresas muchas veces nos hemos “acomodado” a trabajar de ciertas formas que, siendo productivas pueden resultar poco eficientes. ¿O no?

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A estas alturas del siglo no descubro una gran novedad al afirmar que estamos viviendo una  creciente complejidad en el entorno económico, social y político que provoca una transformación en las personas y las organizaciones y, al mismo tiempo ofrece una oportunidad de desarrollar nuevas fórmulas en todos los ámbitos, incluido los recursos humanos. En este momento y, en el futuro inmediato, las organizaciones necesitan más que nunca estar abiertas al aprendizaje, a que las personas trabajemos de forma más colaborativa, en red, por proyectos, con nuevas formas de mirar los problemas antiguos. Deberemos ser capaces de encontrar el equilibrio entre transmitir el conocimiento y/o cultura oficial de la  empresa y en ofrecer espacio a las nuevas miradas.

Si me permites hacer de coach desde estas páginas te lanzo el siguiente reto. Son unas simples prácticas para redescubrir tu mente principiante y aplicar el concepto Shoshim. Lo primero, unas cuentas cuestiones para reflexionar. Segundo, una práctica sobre el terreno y después, que me cuentes cómo te ha ido la experiencia.

¿Cómo puedes abrir espacios para acoger el conocimiento de los nuevos en la organización?

Piensa en ti mismo, ¿En qué medida sientes que la forma en que te enseñaron tu trabajo era la mejor? ¿Cómo era tu actitud de tu primer día en tu trabajo actual? ¿Qué pensabas? ¿Qué sentías? ¿Qué has cambiado hoy para que ya no te sientas como esos primeros días? ¿Qué tendría que darse para “resetear” tu mente y aportar la frescura inicial?

Estoy segura de que a pesar de que has debido de cambiar mucho en este tiempo, vas a llegar a la conclusión de que aún tienes un cierto poder para sentir la apertura, el entusiasmo y abordar el trabajo con ganas renovadas. Son actitudes y por tanto factibles de ser elegidas, sea cual se la situación de la empresa o el mercado.

Por último, te propongo una práctica, cada mañana al incorporarte el trabajo, una afirmación que te acompañe todo el día del tipo “Hoy en mi trabajo manifiesto mi talento, mis ganas y mi creatividad”. Verás como las sincronías empezarán a aparecer en tu día a día; se trata de un darse cuenta y mirar cada día con el entusiasmo del principiante.

Las 5 cosas que no pueden faltar en tu Currículum Vitae

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Para hacer un Currículum Vitae (CV) que sea eficaz y cumpla con la misión de su existencia, esto es, conseguir que tengas una entrevista de trabajo, lo debes concebir como un proyecto en si mismo. El CV debe ser el resultado de una elaboración concienzuda por parte del profesional y, dependerá siempre si estás buscando empleo por primera vez, si estás en activo y pretendes dar un giro a tu trayectoria profesional o si tras muchos años de experiencia te has quedado sin empleo.

No es necesario seguir un formato preestablecido, siempre y cuando se consiga dar una idea rápida de los conocimientos, la experiencia y las habilidades que te hacen apto para el puesto. También es muy importante presentar la información con claridad, con una estructura homogénea y facilitar al máximo la comprensión. Si decides optar por una presentación novedosa, por el formato, estilo, etcétera, debes asegurarte de que tu CV destaca de forma positiva.

Existen diferencias claras entre un CV de un recién licenciado y un profesional con veinte años de experiencia pero siempre hay puntos en común que no pueden faltar:

  1. Comenzar definiendo los objetivos profesionales. De forma clara y concisa definir la propia misión profesional y dónde quiere trabajar. Responder a la cuestión de quién soy profesionalmente y qué busco. La persona que lea tu CV debe saber a qué puesto optas, cosa que lamentablemente no ocurre muchas veces.
  2. Destacar, después, las habilidades y competencias profesionales, tipo capacidad de dirigir y/o trabajar en equipo, liderazgo, orientación a la calidad o al resultado, resiliencia, etcétera. Deberás aportar ejemplos de logros conseguidos en estas competencias.  Hay todo un trabajo de introspección para identificar las tres competencias dónde destaca uno. Mi recomendación es identificar un total de cinco y, dependiendo del puesto se incluya unas u otras.
  3. Poner la experiencia laboral  indicando las fechas asociadas a cada empleo. Detallar funciones y otros indicadores que puedan resultar importantes como el la actividad de la compañía, sector en el que opera, facturación, número de colaboradores, etc.
  4. Formación incluyendo sólo los cursos relevantes para el puesto al que se opta.
  5. Idiomas y uso de programas informáticos. La principal recomendación es ser sincero y nunca poner idiomas en los que no seas capaz de comunicarte. Lo mismo para los programas. No vale poner programas que usaste por última vez hace veinte años.

Respecto a la conveniencia o no de incluir fotografía, los expertos coinciden en que no es imprescindible pero mi consejo es que la incluyas. Facilita el trabajo del entrevistador, aporta una primera razón de “enganche” del perfil y sé de muchos casos que la primera criba de Cvs es si tienen o no fotografía. Eso sí, deber ser una fotografía tamaño carnet y profesional.

La carta de presentación en muchos casos es considerada por muchos un documento de cortesía y no un documento que aporte valor añadido. Yo te digo que es un error no incluirla, la carta se convierte en una oportunidad única para hacer llegar un mensaje personal y directo al entrevistador. Eso sí, hay que trabajarla y convertirla en el mensaje motivacional hacia el puesto. En un post posterior veremos cómo hacer la carta que te abrirá los despachos de los reclutadores.

Finalmente, otro elemento raro en España pero que en otros países como Alemania es absolutamente imprescindible: la carta de recomendación o certificado de trabajo. Sé que en Alemania ningún trabajador abandona una empresa sin su carta en la que se indica el tiempo trabajado, las funciones que ha desarrollado y el valor que ha aportado a la compañía. Mi recomendación es que en cada compañía solicites este certificado y lo envíes con tu currículum por dos razones. La primera porque aportas una opinión objetiva sobre tu experiencia y tu valía y, segundo porque al ser raro en España te aseguro que destacarás de forma positiva.

Hacer un CV eficaz es el primer paso hacia el trabajo deseado y merece la pena invertir tiempo y a veces, dinero. No te conformes con una hoja mediocre que no te vende como mereces. Te invito a leer tu currículum y preguntarte ¿cómo este documento me describe profesionalmente? ¿cómo podría ser mejorado para aportar una visión más positiva de mi carrera profesional? … Y no dudes de acudir a un experto que te ayude a mejorar esta herramienta clave en la búsqueda de empleo. Merece la pena.

Espero vuestros comentarios sobre vuestra experiencia con el CV y, qué otros aspectos del currículum os interesaría que tratara en próximos posts.