Los 7 hábitos altamente eficaces en tu búsqueda de empleo

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Básicamente nuestros comportamientos están determinados por nuestros hábitos. Es por ello que los hábitos que tenemos son un factor muy importantes en nuestras vidas. La mayor parte de nuestra existencia vamos cabalgando a lomos de esos hábitos que hemos construido día a día, pasito a pasito; empapados de rutinas que, confesémoslo, son el padrenuestro de cada día.

“Los hábitos son como hebras. Si día tras día las trenzamos en una cuerda, pronto resultará irrompible”. (Horace Mann)

Pero a la vez, la mayoría de nosotros queremos que la vida cambie, protestamos para que el gobierno no nos perjudique, deseamos que la pareja nos comprenda más, anhelamos que los hijos nos obedezcan, rezamos para que los jefes nos traten mejor o soñamos con encontrar el trabajo que nos satisfaga.

Muchas veces no nos gusta la situación que vivimos y no nos damos cuenta que si queremos que la realidad  cambie, tenemos que cambiar nuestros actuales hábitos. Romper el trenzado de hábitos de toda una vida NO es imposible pero tampoco es fácil  y sencillo.

Si te encuentras en búsqueda activa de empleo o, simplemente quieres cambiar de trabajo conviene que hagas un ejercicio de introspección, un trabajo contigo mismo. Yo te propongo utilizar la técnica de los “7 hábitos de la gente altamente efectiva” de Stephen Covey:

  1. El hábito de la proactividad nos proporciona la libertad de escoger la respuesta ante los acontecimientos. Todos los que hemos buscado empleo sabemos que nos llueven negativas, decepciones, etc. Se trata de ser perseverantes, activos en la búsqueda y cuando nos den una negativa, mirar el suceso con las “gafas de positividad“.  Una buena pregunta a uno mismo podría ser ¿Para qué ha sucedido esto?” y escribir todo aquello que nos proporciona de positivo esa negativa. ¡Funciona!
  2. Comenzar con un fin en mente hace posible que nuestra búsqueda tenga razón de ser, pues la creación de una visión de lo que queremos lograr permite que nuestras acciones estén dirigidas a lo que verdaderamente queremos que sea nuestra vida profesional. Recomiendo hacerlo por escrito,  con todo detalle y releerlo si se puede cada día, retocarlo si es necesario e imaginarlo. La guinda del pastel sería si fueras capaz de escribir las emociones que sentirías/sentirás si logras ese trabajo que buscas. Pregunta ¿Cómo quieres que sea tu vida profesional en …..seis meses, un año, dos años?.
  3. Poner primero, lo primero nos permite liberarnos de la tiranía de lo urgente para dedicar tiempo a las actividades que en verdad aportan valor a nuestra búsqueda. Es la disciplina de llevar a cabo lo importante, lo cual nos permite convertir en realidad la visión que forjamos en el hábito anterior. Mi recomendación: llevar un cuaderno, un diario de la búsqueda en donde además del objetivo, se vaya anotando las etapas, los planes de acción, el autofeedback después de las entrevistas, etc. Pregunta: ¿Qué es lo que aporta valor a mi búsqueda?
  4. Pensar en Ganar-Ganar nos permite desarrollar una mentalidad de abundancia mental y material, pues nos cuestiona la premisa de la escasez de los recursos en la vida y, por tanto en los trabajos también. Ahí fuera hay un puesto de trabajo, un escenario profesional esperándote o, quizás dos o tres… Adentrarse en el mundo de las AFIRMACIONES POSITIVAS es una manera de crear esa prosperidad que anhelas.
  5. Buscar entender primero y ser entendido después es la esencia del respeto a los demás. La necesidad que tenemos de encontrar un trabajo nos puede llevar a ponernos en lugar de una pobre víctima de las circunstancias; achacar nuestros males a las empresas, al gobierno, al mundo,…. Trabajar una nueva mirada y hacerse responsable de la situación y, desde ahí. actuar con la plena conciencia de que todavía podemos aportar un valor al mundo y que cuanto antes consiga un trabajo, el mundo se va a beneficiar antes de nuestros dones y habilidades.
  6. Sinergizar es el resultado de cultivar la habilidad y la actitud de valorar la diversidad y la innovación. Abrir nuestra mente a la creatividad e imaginar otros posibles trabajos que en los que también seremos felices es un ejercicio sencillo pero que muy pocos se plantean, empeñados en insistir su búsqueda en su “profesión de toda vida”. Pregunta: Además de mi profesión, ¿qué otras actividades me puedo dedicar?
  7. Afilar la sierra consiste en tomar tiempo para parar un momento y pensar en cómo mejorar y en cómo vivir mejor. Supone la capacidad personal de renovar las cuatro dimensiones de la naturaleza humana: la física, la espiritual, la mental y la  emocional. Por tanto, esto supone:
    1. Darnos tiempo para cuidar nuestro cuerpo (descansar, comer adecuadamente, hacer ejercicio,…).
    2. Reflexionar sobre nuestros motivos y proporcionarnos liderazgo en nuestra propia vida, comprometiéndonos con nuestros valores, para llevar a una comprensión profunda de nuestro propósito de vida, a la vez que experimentar sensación de paz, independiente de lo que estemos viviendo.
    3. Cuidar nuestro equilibrio mental hablándonos con comprensión, con amor; trabajando el PENSAMIENTO POSITIVO cada día, cada hora, cada minuto.
    4. Gestionar nuestras emociones. Reconocerlas en cuanto aparezcan, permitirnos sentirlas para transitarlas. Darnos cuenta de nuestro estado de ánimo es el primer paso para cambiar a otro que más nos favorezca.

Seguir esta guía no te puede asegurar que mañana tengas el trabajo de tu vida pero, sin duda, te habrá acercado un paso hacia él. Recuerda que hay opciones para no hacer este camino solo y la ayuda especializada puede acortar tu tránsito. ¡Mucha fuerza!.

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A diario vivo sin vivir en mí

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A diario tengo costumbre de despertar y vivir mi vida cierta con los mismos  rituales cada día. Desde hace años tomo mi camino a al trabajo dispuesta a  pasar  ocho horas y, dispongo de las tardes para disfrutar de mis actividades “variadas”, ¡sí! pero también bastantes ciertas, a su vez.

Dicen que el cambio es continuo en el mundo  pero yo pienso que el mundo  está sostenido por las rutinas de todos nosotros. ¿Qué seríamos los humanos sin nuestros rituales diarios? Necesitamos estar enfrascados en nuestras tareas y no  concebimos la vida sin llenar nuestras horas de cosas que venimos haciendo todos los días; así, desde la mañana hasta la noche. Y al día  siguiente, vuelta a empezar.

Nos encanta maldecir los  lunes y soñar con los sábados. Viviendo como si sólo en fin de semana fuéramos nosotros mismos, sólo en fin de semana pudiéramos ser felices. ¡Sólo en vacaciones la vida tuviera sentido!

Nos hemos programado una vida cierta,  con  muchos deberes y algún placer pero incluso, nuestras penas y sufrimientos nos aportan seguridad y certidumbre.  Y es entonces, donde ponemos el piloto automático y nos dejamos llevar y vamos haciendo, así, sin darnos cuenta. Nos gusta movernos en nuestra zona de confort. Es como vivir sin vivir en mí, como decía Santa Teresa de Jesús.

Y para completar nuestra seguridad nos vamos construyendo una existencia repleta de expectativas de lo que tiene que suceder, de lo que los demás tienes que hacer  o no hacer y hasta sentir. Y cuando la realidad es otra, nuestra  vida ser torna triste y decepcionante; el sufrimiento campa a sus anchas por nuestra mente y nos sentimos pobres víctimas del destino. Aún así, somos incapaces de tomar las riendas y salir fuera a cambiar las cosas, a engrandecer  aquello que somos. Es más fácil quejarse y dejarse hacer.

Pero la misma vida en su plena sabiduría a veces nos planta delante situaciones límites que, así de un plumazo nos da una patada fuera de nuestra zona. Y allí, en ese nuevo lugar, sustraídos todos nuestros hábitos, de nuestra vida cierta y con  una profunda  herida, vemos como todas nuestras  creencias no soportan la realidad y  nos quejamos amargamente de la injusticia que vivimos y en algún caso de qué sentido tiene la vida. Nos creemos ganadores inocentes de una lotería macabra, que se empeña en mostrarnos la cara amarga de la vida, quitándonos aquello que era nuestro. Tal vez sea una enfermedad, una pérdida,  a veces una muerte o, simplemente un despido.

Cuando se desencadena la tormenta en nuestras vidas, también  nos creemos  que el estado de dolor en que vivimos  es para siempre, que ya en nuestra vida no habrá luz, placer, felicidad, amor, paz, Y, eso no es tampoco así. Cuando el sufrimiento nos atenaza hay que recordar un principio que rige en la vida y, es el de  la impermanencia de las cosas: Nada es para siempre; las cosas vienen y van y es inútil quedarse aferrado a algo. A mi me gusta sentir que después de la tempestad vendrá la calma, o que en una tormenta, el sol está ahí detrás. Y no es posible la luz si no hay oscuridad o no conocerás la  felicidad si no has sentido el  sufrimiento. Y lo mejor es que tú puedes ser el protagonista del cambio.

EL MUNDO NO ES COMO ES SINO COMO ERES

Por ello, lanzo unas reflexiones que merece la pena cuestionarse:

  • Imagina tu vida presente cada momento, ni pasado ni futuro, una vida sin rutinas esclavizadoras y dispuesto a ¡VIVIR DE VERDAD! sin pilotos automáticos.
  • Imagina tu vida en la que te cuestiones tus creencias y caminas sin expectativas en nada y en nadie.
  • Imagina tu vida agradeciendo cada una de las personas y cosas que se presentan, sin juicios sobre si son bueno o malos.

Y ya habrás dado un gran paso hacia ese lugar llamado tu nueva vida.

La mente del principiante en las empresas

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En Japonés Shoshim (初 心)  significa “la mente del principiante”.

Durante mi dilatada carrera profesional en el mundo de los recursos humanos he vivido diferentes ambientes laborales, diferentes culturas organizativas y formas de hacer. He conocido años de bonanza financiera y años de crisis pero en casi todos los casos he notado como hay ciertos patrones de conducta laboral que se repiten.

Recordemos cuando en nuestras empresas empieza  un nuevo colaborador o un compañero y desde Recursos Humanos gestionamos los procesos de acogida y entrenamiento de los nuevos. Todos conocemos y alabamos las ventajas de un buen proceso de inducción; tales como acortar la curva de aprendizaje y  asegurarnos que el empleado sea totalmente productivo lo antes posible. Por todo ello, le mostramos “como se hacen las cosas  aquí” y como esperamos que sea su comportamiento. No pongo en duda la importancia que tiene este proceso en la vida profesional de este empleado y sus repercusiones positivas para la organización. Pero, también quiero remarcar que este proceso no está exento de ciertos riesgos.

Normalmente es una persona o grupo que se encarga del entrenamiento en las funciones y en las normas de conducta de la empresa. Todos confiamos que esa persona le transmita todo lo que su trabajo conlleva pero realmente no le está enseñando su trabajo, sus tareas, sino la visión que este empleado encargado del entrenamiento tiene sobre cuáles son y cómo se tienen que hacer las cosas. En estos casos se suele adoptar un enfoque imitativo (“hazlo como yo lo hago”).

En muchos casos esta forma de proceder nos reportará la eficiencia y productividad que esperamos en el nuevo empleado pero también es cierto que junto con la incorporación de una personas se está dando todas las condiciones para poder hacer las cosas de forma diferente, una nueva mirada  a como  venimos trabajando.

El nuevo empleado aporta a la empresa algo que considero valioso que es la mente del principiante y suelen venir con una actitud de apertura, entusiasmo y ausencia de ideas preconcebidas al abordar el trabajo. Todo ello puede significar una gran ventaja para la empresa en la que se incorpora porque los que ya llevamos tiempo en nuestros puesto y empresas muchas veces nos hemos “acomodado” a trabajar de ciertas formas que, siendo productivas pueden resultar poco eficientes. ¿O no?

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A estas alturas del siglo no descubro una gran novedad al afirmar que estamos viviendo una  creciente complejidad en el entorno económico, social y político que provoca una transformación en las personas y las organizaciones y, al mismo tiempo ofrece una oportunidad de desarrollar nuevas fórmulas en todos los ámbitos, incluido los recursos humanos. En este momento y, en el futuro inmediato, las organizaciones necesitan más que nunca estar abiertas al aprendizaje, a que las personas trabajemos de forma más colaborativa, en red, por proyectos, con nuevas formas de mirar los problemas antiguos. Deberemos ser capaces de encontrar el equilibrio entre transmitir el conocimiento y/o cultura oficial de la  empresa y en ofrecer espacio a las nuevas miradas.

Si me permites hacer de coach desde estas páginas te lanzo el siguiente reto. Son unas simples prácticas para redescubrir tu mente principiante y aplicar el concepto Shoshim. Lo primero, unas cuentas cuestiones para reflexionar. Segundo, una práctica sobre el terreno y después, que me cuentes cómo te ha ido la experiencia.

¿Cómo puedes abrir espacios para acoger el conocimiento de los nuevos en la organización?

Piensa en ti mismo, ¿En qué medida sientes que la forma en que te enseñaron tu trabajo era la mejor? ¿Cómo era tu actitud de tu primer día en tu trabajo actual? ¿Qué pensabas? ¿Qué sentías? ¿Qué has cambiado hoy para que ya no te sientas como esos primeros días? ¿Qué tendría que darse para “resetear” tu mente y aportar la frescura inicial?

Estoy segura de que a pesar de que has debido de cambiar mucho en este tiempo, vas a llegar a la conclusión de que aún tienes un cierto poder para sentir la apertura, el entusiasmo y abordar el trabajo con ganas renovadas. Son actitudes y por tanto factibles de ser elegidas, sea cual se la situación de la empresa o el mercado.

Por último, te propongo una práctica, cada mañana al incorporarte el trabajo, una afirmación que te acompañe todo el día del tipo “Hoy en mi trabajo manifiesto mi talento, mis ganas y mi creatividad”. Verás como las sincronías empezarán a aparecer en tu día a día; se trata de un darse cuenta y mirar cada día con el entusiasmo del principiante.

La vida como un supermercado

Como mamá de tres,  la vida me ha destinado a tener que pasarme por el supermercado un mínimo de tres veces a la semana. Y de tanto estar en un sitio como que se convierte en algo simbólico: Mi vida como un supermercado. Si me lo permitís quiero compartir este flash que he vivido en mi última visita a una de estas tiendas.

Al pasar la puerta del super entras de vacío y, no sé vosotros pero yo casi siempre tengo un pequeño, un minúsculo shock de recién llegado al entorno; o es la temperatura, generalmente baja, o que ves a los muchos que pagan en las cajas y piensas “esto está hasta la bandera” y siempre siento “una sensación de comienzo”. Eso mismo es el comienzo de la vida, un choque después de nueve meses bien calentitos, provistos de todo y, de repente, soltados literalmente en un entorno frío, donde lo primero que hacemos es llorar.  Y es en este punto que empieza todo,  la vida que vivamos depende de las decisiones que tomamos (o que toman por nosotros) desde el minuto 1.

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Volviendo al super, ¿Os habéis fijado que generalmente hay entre dos o tres pasillos por los que empezar el camino? y así, con nuestro carrito (o sin él y todo encima como buenamente se puede) vamos tomando productos desde sus estanterías, unos porque nos hacen verdadera falta (y lo llevamos en la lista de la compra), otros por un capricho momentáneo que nos sacude al verlo y parece que nos dice: “llévame contigo”. Según los expertos en Merchandising esto último ocurre un 50% de las veces. Siguiendo con el paralelismo, en la vida ya elegimos desde el comienzo el pasillo por el que vivimos y vamos a paso más o menos firme avanzando y tomando nuestros primeros amiguitos, nuestra escuela, nuestras primeras experiencias amorosas, los estudios y así vamos tomando lo que necesitamos y lo que se nos antoja ¿un 50% de las veces, también?

En ese punto he empezado a inquietarme y preguntarme cuántas veces he elegido en mi vida por un antojo, por un capricho o peor, con la “mente automática“, ¿qué elecciones de mi vida han sido desde mi valores, desde mi Ser? Ahí dejo las cuestiones cuando llego a la  sección de frutas.

Allí es, en medio de manzanas, peras y tomates, fue cuando tomé conciencia de que la vida es como un super pero sólo con camino de ida, que debemos elegir los pasillos con conciencia y tener un plan de vida para cubrir nuestra necesidad de ser feliz, de encontrar  la paz interior. Que no conozco a nadie que haya vuelto ni un minuto atrás a recuperar algo no vivido y aún así no damos con la clave de todo: vivir cada instante, estar presente, con la mente en el aquí y en el ahora. Como Eckhart-Tolle dice en una de sus muchas frases inspiradoras:

Date cuenta profundamente de que el momento presente es todo lo que tienes. Haz del Ahora el enfoque principal de tu vida”.

Fue entonces cuando caí en cuántas veces en mi vida sin darme cuenta he  tomado “fruta podrida” de las estanterías de la vida, me la he llevado a casa y es más, me la he comido y he enfermado. Que muchas actividades que ocupan  mi tiempo no me aportan nada salvo eso, gastar mi tiempo de vida. Me pregunté ¿Cuántos productos de la sección TRABAJO me llenan? Pensé las veces que había comprado un 3×2 de STRESS, DECEPCIÓN y MONOTONÍA,  y ¿desde cuándo  que no tomaba la PASIÓN para mi bolsa?

Y lo mejor, que la decisión era mía, me dí cuenta que soy 100% responsable de los pasillos por los que transito y los productos que me llevo. ¡Dios mío! ¿En qué pasillo estoy ahora mismo? ¿Dónde quiero estar? ¿Qué productos estoy masticando y digiriendo y qué efectos producen en mí? Y lo más importante ¿Qué puedo hacer AHORA para cambiar lo que quiero cambiar antes de pasar por caja?

Feliz día!